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25 Domingo T.O. Les daba miedo preguntarle

Sábado 19 de septiembre de 2015

Podemos poner cara de sorpresa al escuchar evangelios como el de este domingo: los primeros serán los últimos y los últimos los primeros. ¿Jesucristo es un humorista, o bien nos quiere tomar el pelo o lo que nos propone en este plan de Dios es que le demos la vuelta al mundo? Sí, nos propone “un mundo al revés”. Una “subversión de valores”. Pero Jesús no es un político, no busca tomar el poder, sino una forma nueva y distinta de vivir teniendo en cuenta tanto al hombre, como a Dios. El mundo que él sueña desde el corazón de Dios, los pobres y los débiles son tenidos en cuenta, mientras que los que dominan pasan a una segunda posición. En el mundo según Dios, los que escuchan, apoyan y ayudan son los únicos que importan.
Jesús conoce bien el corazón de sus discípulos. Ellos sueñan con alcanzar el poder y luego repartírselo. Nada nuevo bajo el sol. Ellos tienen una visión del mundo igual a la de todos: los grandes tienen dinero, prestigio y poder. Los discípulos no son malas personas, son generosos, quieren a Jesús, pero les cuesta mucho entenderlo. Jesús viene a dar un vuelco total y radical al mundo. No usará la fuerza. Jesús va al corazón de las personas y desde ahí al de la sociedad. Jesús nos dice que en el corazón de Dios todas las personas tenemos sitio, preferentemente los pobres. Esto no es una hermosa filosofía inútil, sino un estilo nuevo. Así la Iglesia, los cristianos tenemos que elegir que los débiles son los primeros en ocupar nuestras prioridades. Solo así la Iglesia será Iglesia de Jesús. ¡Vaya programa para comenzar el año de pastoral!. ¿Te apuntas?.

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Oración: Ayúdanos a construir fraternidad

Señor Jesús, sabemos que todos nosotros,
igual que los primeros discípulos, necesitamos
tu paciente y amorosa instrucción;
por eso te agradecemos por la Palabra escuchada,
por el Pan que nos alimenta,
por la comunidad donde vivimos
y celebramos la fe en familia,
por tu presencia entre nosotros
y por habernos escogido como discípulos.

Danos un deseo muy vivo y constante
de querer conocerte más profundamente
y de querer ser instruidos y guiados por ti;
que nunca caigamos en la tentación
de pensar que ya somos totalmente fieles.

Perdónanos por las ocasiones
en que hay rivalidades en el interior de la comunidad
o queremos ser los primeros y más importantes;
ayúdanos a construir fraternidad
y a valorar a cada persona como hija
de tu Padre y nuestro Padre y hermana nuestra.

Que la Iglesia sea cada vez más
una familia de hermanos,
donde el objetivo sea el servicio y la atención mutua;
que aprendamos a ver en cada persona
a alguien que lleva tu nombre,
sabiendo que tú, Señor Jesús,
te hiciste hermano de todos
y a todos recuerdas la dignidad que tenemos
como hijos del Padre.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret



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