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2º Domingo de Cuaresma "Este es mi Hijo...

Domingo 21 de febrero de 2016

En nuestro camino cuaresmal estamos invitados a escuchar al Hijo predilecto del Padre e invitados a participar en la vida de Cristo. A transfigurarnos.
Preciosa historia la de Abrahán. Dios ilumina la noche de Abrahán, que está en una situación bloqueada, humanamente sin salida, pero aún así cree en la palabra. La historia del padre de los creyentes nos dice a todos cuál es la aventura de la fe.
Jesús va camino de Jerusalén: allí le espera el monte Gólgota. Previamente sube al monte Tabor, donde se transfigura. Lo hace ante las dos máximas columnas del judaísmo, Moisés y Elías, y ante sus discípulos atónitos. Jesús no es un personaje bíblico entre otros. El rostro de Jesús es el rostro del Padre. La voz lo confirma: este es mi Hijo amado. El camino de Jesús a Jerusalén pasa por la experiencia de la gloria de Dios; el camino cristiano necesita pasar por la experiencia de Dios, antes de afrontar la dureza de la cruz.
Quizá también nosotros, aunque conocemos el final de la historia, no acabamos de entender y quedamos perplejos ante la transfiguración de Jesús glorioso, que nos habla de pasión, muerte y resurrección. La transfiguración es un gesto de Jesús que nos señala la meta, el objetivo, del que quiere que participemos. Jesús quiere confortar la fe de los discípulos para la prueba que tendrán que soportar: el escándalo de su pasión y muerte. Quiere fortalecer su esperanza en un final feliz y glorioso: su resurrección. Así nos abre las puertas y nos garantiza la esperanza en nuestra resurrección y vida eterna. En nuestra vida cotidiana debemos ir pareciéndonos a Jesús. En el Año Jubilar de la Misericordia el Papa Francisco nos ha recordado que Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre, que con su palabra, sus gestos y toda su persona revela la misericordia de Dios. Nosotros somos sus hijos desde el Bautismo y tiene que renacer en nosotros una vida nueva identificándonos con el estilo de Jesús. Y como dice la voz del Padre del Cielo: “Este es mi Hijo, el escogido; escuchadlo”. Nosotros respondemos como Abrahán: “Aquí estoy, Señor”. O como María: “he aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu Palabra”.

Oración:

Que aprenda a ver en las cosas de cada día tu presencia
Señor Jesús, a veces caigo en la tentación
de pensar que te conozco
y de que ya no puedes sorprenderme.

Y empiezo a pensar si no sería posible,
incluso razonable y conveniente
llegar a una especie de compromiso:
yo rezo, me declaro cristiano
y hago algo por los demás,
y tú no te metes en las parcelas de mi vida
que quiero llevar a mi manera.

Por eso te pido el don de la transfiguración.
Que, en medio de la rutina
que siempre me acecha
trasluzca la gloria de tu ser más profundo.

Que aprenda a ver en las cosas de cada día
tu presencia, silenciosa pero real,
tu sello en cada ser humano,
tu rostro en los pobres y pequeños,
tu belleza escondida en todos los seres
que han sido creados por tu voluntad.

Y que todo lo que me distrae o hace sombra
a tu contemplación,
lo tenga por lo que realmente es: una molestia.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret..


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