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32º Domingo T.O. Jesús en la puerta del templo

Sábado 7 de noviembre de 2015

La Palabra de Dios resalta hoy el aspecto de la generosidad. Es la forma más pura por la cual se muestra la ternura y el amor de Dios y de la propia persona. En este camino se nos invita a darnos cuenta de que Dios no se fija en las apariencias sino en el corazón. Dios no se conforma solo con cantidades, sino que espera de nosotros cualidad. Jesús también nos enseña siempre a mirar con amor y a observar con atención incluso las cosas más pequeñas. En cierta manera, las palabras de Jesús ante el gesto de la viuda del evangelio o de la viuda que ayudó al profeta Elías, nos incomodan y son un desafío. Ellas dieron todo lo que tenían y que necesitaban para vivir. Dios nos ordena amar a nuestro prójimo, y este mandato nos pide que lo manifestemos con obras. El evangelio de hoy es una divina felicitación a tantas personas que ponen al servicio de Dios, de la Iglesia y de su hermanos los pocos bienes materiales, el tiempo disponible, las cualidades personales.
La Eucaristía es el sacramento del compartir cristiano. Jesús nos da y comparte con nosotros su cuerpo y sangre y su misma Palabra. ¿Seremos capaces nosotros de entrar en comunión y compartir nuestros bienes con los hermanos?
Si Jesús viese hoy a nuestra iglesia, ¿cómo nos vería? ¿A qué grupo perteneceríamos nosotros ¿Quiénes son las personas que más aportan en nuestra comunidad? ¿El sacerdote, los ministros, los animadores de las diferentes actividades de la pastoral? Es difícil responder…¿Solo nos acordamos de dar algo cuando necesitamos de un servicio de la comunidad, dando la impresión de que es una cuota para comprar algún sacramento? Entre los antiguos se colaboraba con la Iglesia con el Diezmo (10%) de los bienes, actualmente muchos cristianos dan el Centésimo (1%) de la renta familiar, otros lo correspondiente a un día de trabajo por mes, otros nada... Debe ser una verdadera ofrenda, no solo una limosna insignificante… Dios no abandona a quien da con alegría. La generosidad, el compartir y la solidaridad no empobrecen, por lo contrario, son generadoras de vida.

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Oración: No hacer del dinero nuestro dios}

Señor, haznos generosos
como la viuda del Templo.
Que demos parte de lo que tenemos
en lugar de dar de lo que nos sobra.

Señor, que tu Iglesia crea y confíe
en tu Providencia.
Que los cristianos
no nos dejemos llevar por la avaricia
ni hagamos del dinero nuestro dios.

Líbranos, Señor, del consumismo,
que es una forma de avaricia.
Nos convierte en sedientos y adictos.

Señor, que la opción preferencial por los pobres
no sea mera palabrería.
que intuyamos las necesidades
de las personas que nos rodean
y nos sintamos felices
compartiendo lo que tenemos.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret


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