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34 Domingo T.O. Fiesta de Cristo Rey

Domingo 22 de noviembre de 2015

Hoy es el último domingo del año litúrgico y se cierra con la fiesta de Jesucristo, Rey del Universo. Hoy la Iglesia nos invita a una contemplación global del misterio del Señor Jesucristo. Hijo de Dios y Salvador. Él es el que abre y cierra los tiempos y las edades; el primero y el último, el alfa y la omega, el principio y el fin. Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre. Con estas expresiones sacadas de diversos libros del Nuevo Testamento confiesa la Iglesia la centralidad y la grandeza de Jesucristo.
Él nos ha enseñado a rezar: “venga tu Reino”. La promoción del Reino de Dios ha de encarnarse en las realidades de cada día. La misión de Jesús y de su Iglesia tiene como objetivo construir en el mundo “el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz”. Es el Reino de Dios que la Iglesia irá anunciando a todas las naciones y a todos los pueblos, y que ha de llegar al mundo entero porque Jesucristo es Rey del Universo.
En el evangelio Jesús confirma su Realeza y el sentido de su Reinado ante Pilatos: un Rey que ha venido para servir y salvar. Un soberano capaz de aceptar una corona de espinas. Un Rey cuyo trono fue una cruz en lo alto de un monte. Cruz que se convirtió en símbolo de victoria para nosotros. Hoy, como hace dos mil años, para muchos es Rey solo quien tiene dinero, poder, gloria, bienes materiales, COSAS... Y CRISTO, también hoy, continúa repitiéndonos: “Yo soy rey", no un rey de cosas, sino un rey de personas, - sin el PODER que los hombres tanto aspiran… - sin la GLORIA que los hombres tanto buscan… - sin los BIENES que los hombres tan ávidamente desean… Jesús nos invita a tomar parte de su Reino y a trabajar para que ese Reino aparezca en la vida de todos. ¿Somos conscientes de pertenecer a este Reino? Hagamos nuestra la petición de Cristo: "Venga a nosotros tu Reino".

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Oración: Ayúdanos a vencer la tentación de querer construir paraísos sin ti

Señor Jesucristo, Rey nuestro,
como el malhechor que moría a tu lado,
te pedimos que te acuerdes de nosotros.

Lo hacemos conscientes de que somos nosotros
los que no podemos olvidarnos de ti.

En este día en que concluye el Año litúrgico
te pedimos que nos ayudes
a fijar en ti la mirada y el corazón
para que, guiados por el Espíritu Santo,
podamos seguir tus huellas
y aprendamos de ti a perdonar y a amar,
a confiar totalmente en el amor del Padre,
a valorar las personas y a trabajar
por el bien y la felicidad de nuestros hermanos;
a tener como supremo honor
el servicio a los necesitados,
como tú te hiciste servidor de todos.

Todos deseamos el paraíso que prometiste
a aquél que te reconoció como Rey.
Ayúdanos a vencer la tentación
de querer construir paraísos sin ti,
que nos hacen menos humanos y más esclavos.

Auméntanos la esperanza y el deseo
de llegar contigo al paraíso,
el mejor regalo que deseas ofrecernos.

Y auméntanos también la certeza
de que, contigo, ya podemos hacer
de nuestra casa y de nuestro mundo
un pequeño ensayo del paraíso.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret



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