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3º Domingo de Pascua "sed mis testigos"

Viernes 17 de abril de 2015

Como los primeros discípulos, la reunión comunitaria de los domingos – el participar en la eucaristía – es para vivir la experiencia del Resucitado. Jesús entra, se pone en medio y nos habla.
El texto del evangelio de este domingo es continuación del de los discípulos de Emaús, y nos dice: “les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras”. Jesús es quien abre los ojos a los de Emaús para reconocer que aquel compañero de camino que les explicaba todo lo que se refería a él en las Escrituras y que después les partía el pan, era el mismo Señor Resucitado.
Jesús enseña a mirar y a ver lo que no se ha visto antes. Hacer camino con Jesús, ser discípulo del Resucitado, compartir la mesa en la que él parte el pan, da una nueva luz, una mirada nueva sobre la realidad y, especialmente, sobre las personas.
Hacer caso de la Palabra de Dios es tener la misma mirada de amor que el mismo Cristo. Es llevar una vida coherente con la fe que se profesa. Fe y vida unidas en los cristianos. Hoy es un buen momento para preguntarnos y extraer consecuencias para la propia vida y avanzar en la vida cristiana. ¿Soy coherente en mi ser cristiano? ¿Qué tengo que mejorar?
Como la presencia del Resucitado nos llena de alegría y nos consolida en la fe, también, personal y en comunidad, nos envía con una misión: ser testigos de esto. Sí, Señor, creo que estás vivo y que Tú eres Jesús Muerto y Resucitado. Seamos ”piedras vivas” de comunidad.

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Oración: Queremos reconocerte en la comunidad que se reúne en tu nombre

Jesús Resucitado y Viviente,
como los primeros discípulos queremos reconocerte
en la comunidad que se reúne en tu nombre,
en la palabra que escuchamos con corazón abierto
y que es luz para nuestro camino,
en el Pan de Vida que partes y ofreces
como alimento y signo de comunión contigo,
en cada hombre y mujer que hay en el mundo,
especialmente en los pobres y marginados,
hermanos tuyos y nuestros, hijos del mismo Padre.

El tiempo pascual, tiempo de primavera,
invita a orar para que tu vida florezca
renovada en la comunidad eclesial,
en las familias, los niños, jóvenes y ancianos,
en todas aquellas acciones de servicio
y evangelización que llevamos entre manos:
que en todo actuemos como testigos
de tu amor para con todos.

Te pedimos especialmente, Señor Jesús,
por los que han elegido el camino de seguirte
y de servir a los demás en la vida religiosa,
y lo hacen a través de la vida de oración,
la vivencia intensa de la fraternidad
y de tantas acciones de servicio a los hermanos:
que sean fieles a tu llamada
y ayuden a despertar en más personas
el interés por los valores del Evangelio.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret



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