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Cuaresma 2014: Tiempo de gracia

Martes 4 de marzo de 2014

«» Queridos hermanos y hermanas, que este tiempo de Cuaresma encuentre a toda la Iglesia dispuesta y solícita a la hora de testimoniar a cuantos viven en la miseria material, moral y espiritual el mensaje evangélico, que se resume en el anuncio del amor del Padre misericordioso, listo para abrazar en Cristo a cada persona. Podremos hacerlo en la medida en que nos conformemos a Cristo, que se hizo pobre y nos enriqueció con su pobreza. La Cuaresma es un tiempo adecuado para despojarse; y nos hará bien preguntarnos de qué podemos privarnos a fin de ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza. No olvidemos que la verdadera pobreza duele: no sería válido un despojo sin esta dimensión penitencial. Desconfío de la limosna que no cuesta y no duele.«»
(Mensaje del Papa Francisco. Mensaje Cuaresma 2014).

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CENIZA
El miércoles de ceniza marca, para nosotros, el comienzo de la cuaresma. Un tiempo de conversión, de camino, de preparación para la pascua. Una ocasión para tomar aliento, adentrarse en el desierto –aun en medio de la vida- y revisar lo que uno está haciendo. Hace unos años, al ponerte la ceniza te decían algo así como que eres polvo y al polvo volverás. Y hoy en día te dicen eso de conviértete y cree en el evangelio. Un poco menos dramático esto último, pero en cualquier caso, ambos mensajes tienen su recordatorio para mí hoy.

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- Ingredientes necesarios: ganas, inquietud y espíritu de búsqueda.
- Tiempo de preparación: óptimo, 40 días.

Cuando la gente quiere celebrar algo importante se prepara con mucha antelación. Los jóvenes anticipan su primer cotillón de nochevieja con semanas de anticipación (dónde ir, qué llevar, etc). Los novios preparan su boda durante meses. Los turistas comienzan a ponerse en forma para la playa desde mayo. El que desea algo mucho tiempo lo anticipa y se prepara. La Pascua es una fiesta que contiene tantas cosas… Y por eso tenemos estas semanas previas para prepararnos. Disponerse para vivir el encuentro con el Dios de la Semana Santa no es sencillo. La receta clásica ha de vivirse con ingredientes contemporáneos, pero no deja de tener su validez…
Un manojo de perdón. Que eso es la penitencia… saber mirar hacia dentro y ser conscientes de que hay bastantes cosas en nuestra vida que necesitan ser convertidas, transformadas.

¿QUIÉN NOS CONVIERTE?
Al comenzar la cuaresma se nos invita a la conversión. Pero eso no es un empeño voluntarista, ni un cúmulo de propósitos que uno mismo tenga que lograr. Es Dios quien nos convierte, cuando le dejamos. Es Dios quien transforma nuestras vidas y les da hondura y plenitud. Es Dios quien nos hace madurar y crecer, asumir la vida con toda su complejidad. El Dios que, infatigable, está trabajando en cada uno de nosotros…Un Dios que modela mi barro.

¿Dónde me veo necesitado de conversión? ¿Dónde siento que Dios trabaja en mí?



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