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Domingo 2º de Pascua. De la Divina Misericordia

Sábado 11 de abril de 2015

La Resurrección de Jesucristo ha sido para nosotros un nuevo nacimiento. La Resurrección de Cristo nos afecta siempre. Todos los años, la Pascua nos hace revivir lo más decisivo de nuestra fe: que Jesús, muerto por amor, vive ahora para siempre; y nosotros, unidos a él, hemos comenzado también una vida nueva. Y a pesar de las crisis, como a aquellos hombres y mujeres del primer siglo, a nosotros, Jesús resucitado también sale al encuentro. Ocho días después de la Resurrección del Señor, él mismo se hace presente otra vez entre nosotros y nos da su paz y su espíritu. Una presencia que nos llena de alegría y nos consolida en la fe. Tomás dudó. La convicción de que Jesús vive entre nosotros crea comunidades como la que nos describe el libro de los Hechos. Donde todos tienen un solo corazón y una sola alma. Con un proyecto de fraternidad, reconciliación, oración, solidaridad…. Viviendo así, la comunidad da testimonio de que es posible un mundo al estilo de Jesús.
La celebración de la Resurrección es nueva cada domingo. Nuestros domingos vienen de aquella experiencia de la comunidad reunida de los Apóstoles y discípulos y de cómo experimentan la presencia del Resucitado como había ocurrido una semana antes. Jesús entra, se pone en medio y nos habla. Por tanto, cuando decimos “voy a misa” queremos experimentar y crecer en la fe en Jesucristo muerto y resucitado; y descubrir la Iglesia viva y llena del amor misericordioso de Dios. Gracias por pertenecer a la comunidad creyente. El segundo domingo de Pascua también es llamado de la Divina Misericordia. Seamos ”piedras vivas” de comunidad.

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Oración: Tu presencia llena de alegría el corazón

Señor Jesús, cuando me fijo en los discípulos
que estaban en casa al anochecer del domingo,
me doy cuenta de la riqueza que les comunicaste
y que nos ofreces también a nosotros;
y me siento impulsado a agradecerte por ello.

Tú nos das el saludo de paz que sosiega,
nos comunicas el soplo del Espíritu
que nos hace vivir y superar el miedo;
compartes con nosotros la misión
que habías recibido del Padre
y nos dices que seamos tus testigos
y portadores de reconciliación y perdón por todas partes.

Tú, Señor, eres el Viviente entre nosotros,
tu presencia llena de alegría el corazón
y es el fundamento de esta comunidad
en que te proclamamos Señor y Dios
y que nos ayuda a caminar y a superar
las dudas y problemas que encontramos cada día,
y donde tú nos proclamas felices porque creemos.

Ayúdanos, Señor Jesús, a reconocer
la gran riqueza que tenemos,
y que no viene de nosotros, sino que es regalo tuyo;
haz que vivamos de acuerdo
con cuanto hemos recibido
y cada día recibimos de ti;
que aquella transformación que conocieron
los discípulos después de Pascua,
la conozca cada día toda la Iglesia.

Haznos dóciles al Espíritu y a tu palabra
que siempre invita a ir más allá
de nuestras pobres realizaciones.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret



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