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Domingo 6º T.O. Quiero: queda limpio

Lunes 16 de febrero de 2015

Hoy en el evangelio, escucharemos cómo Jesús cura a un leproso. La lectura del Antiguo Testamento vemos lo que significaba ser leproso en la época de Jesús, y lo dura que era la vida. La ley era tajante: expulsión inmediata y sin posibilidades de readmisión. Jesús se conmovió. Traspasó todos los límites de la ley, del asco, de la condena social, y tocó al leproso. Y al tocarle, le limpió. Solo hizo falta acercarse, hablarle, reconocerle como persona y devolverle la dignidad perdida.
Y hoy medimos al prójimo por su aspecto: limpieza, olor, color y tersura nos dan los datos que harán que clasifiquemos a la persona en la categoría de aceptable… o repugnante. Cada vez que, en nombre de Dios
–como los judíos– excluimos, ninguneamos, discriminamos o negamos auxilio a un semejante, ponemos antes el precepto que la persona. Y esto nada tiene que ver con “amarás al prójimo como a ti mismo”.
Somos imagen de Dios. Llevamos en nuestro interior, desde el vientre de nuestra madre, la semilla de la compasión, la capacidad de sufrir con el otro, la empatía, el amor. Nuestra labor, como seguidores de Jesús, es hacer lo que él hacía: luchar contra la exclusión y la injusticia. Seamos “Piedras vivas” de comunidad donde nos corresponda.

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