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Domingo Fiesta del Bautismo de Jesús

Sábado 9 de enero de 2016

Hoy se cierra propiamente el ciclo navideño, pese a que en el evangelio contemplemos a Jesús ya no niño, sino persona adulta. Aquel niño que adorábamos en Belén con los ángeles y los pastores, aquel niño que se manifestaba a los magos que venían de tierras lejanas guiados por una estrella, hoy lo contemplamos ya como un hombre adulto, que se acerca al río Jordán con todos los que querían recibir el bautismo de conversión que Juan predicaba. Y allí, en aquel ambiente de fe, Dios manifiesta públicamente que Jesús es su enviado.
En la noche de Navidad los ángeles proclamaron la gloria de Dios. Hoy es el mismo Dios Padre quien nos presenta a su Hijo único, su predilecto. El bautismo de Jesús es un momento determinante en su vida, es el inicio de su misión. Por el Hijo, Jesús, en adelante, el hombre solo se comprende si se reconoce hijo: cosa que se realiza en el bautismo: “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Los evangelios sinópticos, a través de la narración del Bautismo de Jesús, no nos explican solo un hecho, sino que desde el principio del evangelio, responden a la pregunta fundamental: ¿Quién es este Jesús? Esta pregunta nos acompañará siempre a todo hombre, creyente o no. Para ser cristiano, ¿basta con solo recibir el Bautismo? Lo que importa no es inscribir la fecha del bautismo, sino recorrer un camino de fe… SER CRISTIANO es mucho más que una ceremonia religiosa... Hoy somos invitados a reafirmar nuestra fe en Jesucristo, nuestra voluntad de seguirle: conocer, vivir, amar, anunciar; nuestra convicción profunda de que él es, realmente, para todos nosotros, el Camino que nos conduce a la verdadera vida; es la fuerza para ser hombres y mujeres de misericordia. Agradezcamos el gran don de nuestro Bautismo y pidamos fuerza para que seamos fieles a ese COMPROMISO asumido.

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Oración:

Mi yo más auténtico, está enraizado en el Padre
Habiendo participado de la eucaristía,
unido a ti por la comunión,
escucho yo también,
con confusión y agradecimiento,
la voz del Padre:
«Eres mi hijo, mi amado;
en ti me he complacido».

De tal palo tal astilla.
Por eso creo que el fondo
más profundo de mi ser,
mi yo más auténtico,
está enraizado en el Padre,
que es silencio paciente,
perdón, paz, luz y vida.

Como tú, Jesús, quiero hacerme solidario
de toda la humanidad que tiene necesidad
de un bautismo regenerador,
de un nuevo nacimiento que haga germinar
las semillas de vida eterna,
las capacidades de amor, perdón, paz y ternura
que el Padre ha puesto en ella
y que tú has desarrollado
en la unidad del Espíritu.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret..



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