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Domingo II T.O. "Venid y lo veréis"

Sábado 17 de enero de 2015

Acabado el tiempo de Navidad con la celebración del Bautismo del Señor, empezamos un paréntesis con el tiempo ordinario – a lo largo de cinco domingos – hasta que lleguemos al tiempo de Cuaresma, camino hacia la Pascua. Para vivir la normalidad de la fe haciendo camino con Jesús. Para hacer aquello que, desde el principio, desde la época de los apóstoles, los cristianos nunca hemos dejado de hacer: reunirnos cada domingo para escuchar la Palabra de Dios y alimentarnos del Cuerpo y Sangre de Cristo para vivir con normalidad nuestra vida cristiana, solos y en comunidad.
¿Es posible que el Señor aún se fije en nosotros? La invitación a responder a la llamada de Dios, a ser discípulo de Jesucristo es un elemento común para todos los que celebramos la eucaristía. La llamada se convierte en experiencia vital que transforma la existencia: le buscamos, le descubrimos como Salvador y nos invita a estar con Él: “venid y lo veréis...”.
El buen Dios no deja de confiar en nuestras personas para anunciar en todas partes y en medio de la humanidad su presencia misericordiosa. Lo que a uno le alienta y hace feliz debe comunicarlo y proponerlo a los demás. Seamos reflejo de la Luz de Dios al mundo. Hoy se nos invita a vivir y a responder a su llamada diciendo sencillamente: "Aquí estoy, Señor". Su fuerza nos haga ser “piedras vivas” de comunidad.

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Oración: Aquí estoy, dispuesto a cumplir tu voluntad


Señor Jesús, te damos gracias
porque nos invitas a estar contigo,
a dialogar, a abrirte el corazón y compartir la amistad;
gracias porque invitas y no impones,
pero siempre estás dispuesto a recibirnos.

Haznos personas atentas a saber escuchar
y acoger tu palabra con corazón abierto,
y tan generosos que podamos decir:
“aquí estoy, dispuesto a cumplir tu voluntad”.

Haznos también capaces de contagiar la fe
a otras personas, comunicando lo que vivimos;
que en la Iglesia valoremos la relación fraterna
en que todos damos y recibimos de los demás,
compartiendo dones para enriquecimiento mutuo.

Señor Jesús, los primeros que te hallaron
te siguieron toda la vida:
que tu palabra llegue al corazón
de tantas personas que viven sin objetivos;
de los que impiden a sus hermanos
vivir y crecer con dignidad.

Que todos los que hemos podido conocerte
sepamos manifestar con palabras y gestos
quién somos y qué sentido tiene la vida,
sepamos decir que tú nos llenas el corazón
y que andar el camino de la vida a tu lado
nos ayuda a ser mejores y nos hace trabajar
por un mundo con más paz y más justicia.

Al empezar la semana de oración por la unidad
te pedimos que todos los que ya creemos en ti
nos consideremos hermanos
y miembros de la misma familia,
y nos dejemos guiar por tu Palabra.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret



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