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Domingo IV T.O. Jesús enseña con autoridad

Sábado 31 de enero de 2015

El evangelista Marcos nos invita a acercarnos con el corazón abierto y agradecido a una jornada de la actividad de Jesús. El Profeta esperado. El Mesías. Era un piadoso judío que se reunía cada sábado para rezar y enseñar. Hoy en Cafarnaún. En un día lleno de gestos, palabras y encuentro: Jesús enseña, cura, se encuentra con personas diversas, y todo ello acompañado de los primeros discípulos que ha llamado. Y sobre todo, muestra el efecto que Jesús provoca en los que se encuentran con él: transformación vital, sanación, reconocimiento, admiración.
Es una jornada de Jesús que puede ser una invitación a centrar nuestra reflexión y ver cómo es la experiencia que nosotros tenemos de Dios y con la de los que participamos en la eucaristía ¿Qué ocupa nuestra jornada? ¿En qué “gasto” mi tiempo? ¿Qué elementos de fondo me acercan a la experiencia de Jesús y cuáles me alejan?
De Jesús dice el evangelio que “se quedaron todos admirados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad”. Habla mucho más que con palabras. Son las acciones, los gestos, las curaciones que realiza las que liberan a la persona. La vida del discípulo de Cristo no se limita a palabras y a buenos propósitos, sino que, a ejemplo de Jesús, también debemos luchar contra el dolor y la muerte. Hay que ser creyente creíble, coherente, auténtico. Reunidos en la eucaristía rezamos el Padrenuestro y pedimos ser liberados del mal, para poder ser cada uno personas que humanizan las vidas de los demás. Seamos, pues, “Piedras vivas” de comunidad.

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Oración: Quiero ser tu discípulo y testigo

Señor Jesús,
el evangelio invita a contemplarte
entrando en la sinagoga
con tus discípulos,
encontrando a la gente
en las casas o caminos,
rezando con la comunidad
o personalmente,
relacionándote con todos,
buenos y malos, sanos y enfermos,
sin excluir a nadie
y sin miedo de aproximarte
a marginados y pecadores.

Me admira, Jesús, tu capacidad
de renovar y transformar a las personas,
de no dar a nadie por perdido,
de provocar que quienes se encuentran contigo
y ven tu modo de ser y actuar
se hagan preguntas.

Y yo, junto con mis hermanos y hermanas
con quienes compartimos la fe,
quiero ser tu discípulo y testigo.
Haz que, permaneciendo a tu lado,
aprenda de ti cada dia,
que desee adquirir tus actitudes,
que nunca me dé miedo
acercarme a los demás,
a los que me pueden cuestionar,
a los que sufren
o a los que viven de modo muy diferente
a lo que tú propones.

Haz que viva no como maestro,
sino como testigo,
compartiendo la alegría
de haber sido cautivado
por tu persona
y de experimentar en mí
la fuerza renovadora y curadora
de tu amor.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret



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