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Domingo XXVII. T.O. Viñadores homicidas

Sábado 7 de octubre de 2017

La Liturgia continúa con la imagen de la VIÑA, que representa a Israel, el pueblo elegido, precursor de la Iglesia, el nuevo Pueblo de Dios, que debe producir frutos para Dios. Hoy, emplea una trágica parábola de la viña para dar sus enseñanzas. Con ello no quiere amenazar a nadie, sino conducir a los que le escuchan a una verdadera conversión. Los interlocutores de Jesús siguen siendo fariseos, ancianos del pueblo y sumos sacerdotes.
La imagen de la viña provoca la reflexión sobre las reacciones entre Dios y su pueblo, que somos nosotros. Toca al corazón y a la conciencia y provoca una reacción de adhesión o de rechazo. Sólo es posible una conversión sincera cuando se tiene la actitud que descubrimos en el salmo: reconocimiento humilde y sincero.......

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Oración: Ayúdanos a ser, como Jesús, testigos y constructores de tu Reino

Dios y Padre nuestro, hoy la Palabra invita
a contemplarte como el propietario
que con amor e ilusión
planta la viña y hace cuanto puede
para que las cepas puedan crecer y producir fruto.

Te contemplamos como el Padre paciente
que no se cansa de amar ni de esperar
una respuesta positiva de nuestra parte,
que a veces producimos agrazones
o no sabemos reconocer que todo el bien
que existe en la Iglesia y el mundo es fruto
de tu amor, y que no somos sus dueños.

Por eso te pedimos, Padre,
que nos dejemos trabajar por ti,
que tu rostro luminoso renueve
nuestro modo de pensar y sentir
para que no actuemos como propietarios
de lo que no es nuestro, sino tuyo.

Que aprendamos a colaborar contigo
cuidando lo que ha plantado tu diestra amorosa:
nuestra vida y la de nuestros hermanos,
el universo que nos has confiado para que sea
el jardín y la casa de toda la familia humana,
la capacidad de amar y hacer el bien
que, junto con tu Espíritu, habita nuestro corazón.

Ayúdanos a ser, como Jesús,
testigos y constructores de tu Reino.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret



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