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Domingo XXXII. DEDICACIÓN BASILICA DE LETRÁN

Sábado 8 de noviembre de 2014

Hoy celebramos el aniversario de la Dedicación de la Basílica de Letrán. Es ocasión de amor a la Iglesia y de unidad con el Papa que preside en la caridad todas las Iglesias del mundo. Esta Basílica es una de las iglesias cristianas más antiguas y la catedral del papa. Por ello, es llamada “Madre y cabeza de todas las iglesia de la ciudad de Roma y del mundo entero.
Las lecturas ponen el acento en el significado del templo. Cristo es el verdadero templo. Jesús sustituye al antiguo templo, y él se presenta como verdadero templo, el sitio verdadero para encontrarse con Dios. Este templo que es Jesús mismo, es el “lugar” privilegiado para expresar y vivir, en la plegaria, la comunión profunda que los hombres podemos tener con Dios. Uno de los aspectos más importantes del cristiano es que la vivencia de su fe no es solo una cuestión estrictamente personal, privada, sino que la fe en Cristo resucitado ha de ser celebrada con los que tenemos la misma fe.
El cristiano, por la presencia del Espíritu, es edificio de Dios, “piedras vivas”, personas diversas en su condición, edad, cultura y situación social. Cuidemos los templos, sí; pero más las comunidades cristianas -templos vivos- y sus celebraciones.

oración: Comunidad en quien habita el Espíritu

Padre, te damos gracias y te expresamos
nuestra alegría por ser, como Jesús,
personas y comunidad en quien habita el Espíritu,
profundamente amadas por ti,
y formando una familia
que jamás será destruida.

Ayúdanos a vivir dando testimonio
de que lo más sagrado y lo más importante del mundo
es cada persona.

Por eso te pedimos que no haya
templos de Dios –hombres y mujeres–
destruidos por la violencia, el odio,
la falta de dignidad o la vida inconsciente.

Ayúdanos también a ser una comunidad
semejante al agua que empapa la tierra
renovándola y haciéndola fecunda;
una comunidad donde nadie piense
en primer lugar en sí mismo,
sino en cómo ayudar, amar y servir a los demás.

Que seamos una Iglesia
que cada día se confronta con tu palabra
para alimentarse de ella y de la Eucaristía;
y donde cada persona sea importante
y pueda sentir tu presencia
a través de la fraternidad
de los hermanos y hermanas.

Que no seamos una Iglesia
que vive para sí misma,
sino que se desvive
buscando cómo servir más y mejor
a la sociedad de la que forma parte.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret

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