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Domingo de Pentecostés

Viernes 22 de mayo de 2015

Celebramos hoy el domingo de Pentecostés, el último día de la cincuentena pascual. Fiesta del Espíritu Santo que el Señor infundió a los apóstoles y que también derrama abundantemente sobre nosotros, la Iglesia, sobre toda la humanidad.
Donde había confusión y debilidad, él da alegría y fuerza para crear y alcanzar un nuevo mundo de hermanos. Y ello no es fruto de ningún consenso o acuerdo, sino porque la fuerza del Espíritu Santo nos une para vivir el mismo estilo de Jesucristo y podamos ver en todo vecino un ser humano “habitado” por El. Amados por Dios para la misión. Ser Iglesia - a veces siendo pequeña semilla - que da testimonio, grita, sirve y denuncia el mal del mundo actual.
Es verdad que hay incertidumbres, noche oscura, momentos de tristeza, de ahí la llamada a estar vigilantes y a orar para no caer en el desánimo y la angustia de la misión; diversos y llamados a caminar juntos, sostenernos mutuamente, a quitar rivalidades. Hoy es el tiempo del Espíritu Santo que Jesús nos envía igual que el Padre le envió a Él, a promover la vida en abundancia. Tiempo de las personas laicas y seglares, a ser fermento, sal y luz, cada una con su vocación y misión, Recordemos, los frutos del Espíritu son: amor, alegría, paz, tolerancia, amabilidad, bondad, lealtad, dominio de sí mismo. El Espíritu nos hace revivir los comienzos de la Iglesia que animó a los primeros para que fueran por todo el mundo llevando el Evangelio. También hoy nos asiste. Seamos ”piedras vivas” de comunidad.

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Oración: Llena nuestros corazones con tu presencia

Ven, Espíritu Santo,
y llena nuestros corazones con tu presencia;
sé como el fuego que ilumina
y que comunica la fuerza de amar sin medida;
como la fuente de agua viva que mana sin cesar
y sacia la sed de autenticidad,
fecundando la vida de quienes te abren el corazón.

Ven, Espíritu Santo, y llena a la Iglesia
que hoy quiere seguir los pasos de Jesús;
sé para ella como el viento
que infla las velas de la nave y la empuja
a llevar la Buena Noticia por el mundo;
buena noticia de la cercanía salvadora de Dios,
de dignidad y fraternidad para todos,
de coraje a los que están desanimados,
de confianza y compañía a los que sufren,
de paz y reconciliación
que conduzca a superar tantas divisiones.

Ven, Espíritu Santo, y llena el corazón
de todas las personas del mundo
a quien el Padre ama como hijos e hijas,
y conduce a la familia humana
a la búsqueda de la verdad,
a la adquisición de la verdadera sabiduría,
al convencimiento de que todos
somos la única y misma familia.

Ven, Espíritu Santo,
y haz descubrir a cada persona
el propio camino
para ser plenamente humana y servidora.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret



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