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Domingo de la Ascensión del Señor

Sábado 31 de mayo de 2014

Se han cumplido los cuarenta días en los que el Resucitado se mostró a los suyos visiblemente y les “habló del Reino de Dios, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo”. Y ese día ascendió al cielo.
En el lenguaje bíblico no hay categorías de subir y bajar, arriba y abajo. Por eso Jesús ni sube ni baja porque no hay arriba y abajo.. Qué bien lo que dice el apóstol San Pablo cuando expresa: “pues en Él vivimos, nos movemos y existimos (Hch 17, 28). La Ascensión expresa que Cristo, triunfante de la muerte, ha inaugurado un nuevo modo de vida cerca del Padre. La fiesta de la Ascensión la profesamos cada domingo cuando decimos en el Credo: “subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso”. El Jesús de la cruz es el Jesús de la gloria, vivo con el Padre.
A partir del día de la Ascensión la misión del Resucitado corre a cargo de sus amigos. Y esto hay que hacerlo: con alegría y esperanza, con el buen ejemplo, con la oración, con la caridad, con honradez. El mundo espera el testimonio valiente y generoso de los cristianos. Pero Dios mismo conduce y guía la misión: “sabed que yo estoy con …”. Dios no defrauda!

Oración: Dejar que el Espíritu vaya transformándonos

Señor Jesús, queremos agradecerte porque
al volver al Padre nos diste la certeza de que
estarás siempre con nosotros, todos los días.

Que tu presencia en el mundo
nos haga mirar a cada persona como hermano
y nos mueva a querer estar contigo
y con quienes nos rodean en actitud fraterna.

Imitando al apóstol Pablo queremos pedir
al Padre –a tu Padre y nuestro Padre–
que seamos capaces de reconocer
que el Espíritu Santo vive y actúa en nosotros
y en todas las personas que hacen el bien;
que dejemos espacio en nuestra vida
para que el Espíritu vaya transformándonos.

Que seamos conscientes de nuestra esperanza
y aprendamos cómo hay que caminar hacia ella,
sabiéndonos continuadores de tu misión
y siguiendo siempre tu estilo de vida
en el amor a los pobres y marginados,
en la vida de oración y de intimidad
con el Padre, fuente de amor y de vida,
entendiendo la propia existencia
desde la disposición a servir a los hermanos.

Señor Jesús, que nosotros que somos
miembros de tu Cuerpo y de tu familia
no pretendamos andar por caminos distintos
de los que seguiste tú, que eres nuestra Cabeza.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret..

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