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Domingo de la Stma. Trinidad.

Sábado 30 de mayo de 2015

Hemos acabado el tiempo de pascua y empieza la segunda –y más larga – etapa del tiempo ordinario en la liturgia de la Iglesia. Ahora bien, tanto hoy, como el próximo domingo tenemos celebraciones excepcionales: hoy la Solemnidad de la Santísima Trinidad y el próximo domingo la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo.
De hecho, en cada Eucaristía recordamos a la Trinidad Divina, pero hoy nuestra liturgia la recuerda de un modo especial y particular, dedicándole esta fiesta propia. No veamos la Trinidad como un “Misterio” oscuro e impenetrable, sino como la luz que el mismo Dios nos ofrece para que podamos conocer quién es él y quienes somos nosotros. Dios es: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Por el Bautismo hemos recibido la vida familiar de Dios. El es cercano, salvador, misericordioso.
Dios nos ha dado su Espíritu para que vivamos como hijos suyos, con plena confianza y sin miedo le llamemos Padre (“Abbá”), tal como vivió su Hijo Jesús. Con su mismo estilo de amor, Jesús nos invita a formar parte de su familia. Debemos saber que somos hijos de Dios y con tal dignidad, que nadie nos puede negar ni quitar, debemos vivir. Nos invita a vivir e instaurar el Reino entre los hombres. Conocer lo que somos, sentirnos amados y valorados no nos deja indiferentes, sino que somos agradecidos y comprometidos. Con la capacidad de construir nuestra vida de familia humana de manera parecida a la familia divina. : Siendo ”piedras vivas” de comunidad
.

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Oración: Te damos gracias porque nos has elegido como miembros de tu familia

Dios y Padre nuestro, te alabamos y damos gracias
porque deseas darte a conocer
y dialogar con nosotros,
comunicándonos la alegría y felicidad
de habernos elegido como hijos e hijas
y miembros de tu familia,
la familia que formas con Jesús y el Espíritu
y que quieres que abrace e incluya
a toda la humanidad.

Por eso te pedimos
que nos dejemos guiar por el Espíritu Santo,
para que lleguemos a ser hijas e hijos tuyos
según el modelo que tenemos en tu Hijo
y hermano nuestro Jesús;
que el estilo de vida de los cristianos
y nuestro amor mutuo sean un reflejo del amor
que tú compartes con Jesús, con el Espíritu
y con cada una de tus criaturas.

Te pedimos también, Padre,
que sepamos hacer el camino de la vida,
con sus dudas y conflictos,
con la certeza de que nos acompañas
y de que seguimos a Jesús,
Guía de la humanidad,
llenos del amor y la fuerza del Espíritu Santo.

Que sepamos, cuando convenga, sufrir con Cristo;
cada día, anunciar el Evangelio con él;
ser, como él, constructores de comunidad,
preocuparnos y estar, como él,
al lado de los pobres, enfermos, marginados,
anunciar y vivir, como él, el Reino
y tener coraje de denunciar
todo lo que se le opone.

Así empezaremos a vivir
según tu proyecto
y la vocación que nos diste al crearnos.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret


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