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Domingo del Corpus Christi

Lunes 23 de junio de 2014

Hoy es la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Cada vez que celebramos la Eucaristía, actualizamos la muerte de Jesús, en espera de su retorno glorioso. Cada vez que celebramos la Eucaristía reconocemos su presencia sacramental en el pan y en el vino consagrados. Pero esta cotidianidad del sacramento de la Eucaristía puede hacer que pase desapercibido el misterio tan grande que encierra este sacramento. Por ello, la Iglesia instituyo en la Edad Media una fiesta, conocida popularmente como el Corpus Christi, para exaltar, alabar y adorar a Cristo que quiso quedarse entre nosotros en la Eucaristía.
Las lecturas del Corpus empiezan recordando que Dios alimenta a su pueblo – hoy a nosotros – en el largo camino de la vida. Quien come el Cuerpo de Cristo recibe su vida.. Pan vivo que fortaleza, purifica, salva.
Y la Eucaristía crea comunión. Todos los que comemos el Cuerpo de Cristo, formamos un solo cuerpo. Compartimos el mismo alimento, para que vivamos siempre unidos a él y aprendamos a amar como él nos ha amado. Por eso hoy es también el día de la Caridad. El amor de Cristo lo testimoniamos en el amor a los hermanos, especialmente en los más necesitados.

Oración: Tenemos hambre y sed de vidaSeñor Jesús, tenemos hambre y sed de vida,
y de vida en plenitud; por eso te pedimos
que nos des siempre de este pan,
el pan que nos haga entrar en comunión contigo
que nos haga ser una comunidad de
hermanos y hermanas al servicio de los demás;
el pan que sacie el hambre y la sed de paz,
de justicia, de igualdad, de dignidad que hay
en el corazón de nuestro mundo.

Y tú nos dices: “venid y comed
la mesa siempre está preparada, y
a esta mesa todos son bienvenidos,
nadie es forastero ni puede sentirse extraño”.

Pero nosotros, los que con tanta frecuencia
nos alimentamos de tu palabra
y de tu pan que da la vida eterna,
vivimos aún de espaldas u olvidados
de algunos de nuestros hermanos, sobre todo
si son extranjeros, si pasan hambre,
si sufren injusticias o buscan
desesperadamente la alegría de vivir.

Y todos los que participamos de la Eucaristía
no siempre vivimos formando un solo cuerpo
porque cada uno se preocupa más
de sí mismo que del bien
de sus hermanos y hermanas.

O veneramos devotamente la Eucaristía
mientras olvidamos a tus hermanos,
miembros de tu cuerpo como nosotros.

Que la conciencia de lo que aún nos falta
nos haga desear más intensamente
tu misericordia y tu amor,
para ser más dignos de recibirte en la Eucaristía.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret..



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