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Tercer Domingo de Adviento. De la Alegría

Sábado 13 de diciembre de 2014

Ya estamos en el tercer domingo de Adviento. Domingo de la alegría. Hacemos nuestra la invitación de Juan el Bautista: preparemos el camino del Señor para todos.
El Evangelio de Juan insiste en lo que es fundamental tanto para nuestra fe como para el sentido de la Navidad: en quien creemos y a quien esperamos. Esto es lo que da sentido a nuestra fe: JESÚS, que asumió nuestra naturaleza para redimirnos y reconciliarnos con el Padre, para tener vida en Él y por Él. Jesús es el sentido y la razón de la Navidad, fuera de Él o sin Él, la Navidad pasa a ser una fiesta pagana.
Juan Bautista se presenta como: “…el testigo de la LUZ…”. Insiste en que él no es la luz, sino que viene a darnos a conocer a Aquel que sí es la Luz del mundo.
El Adviento es un buen tiempo para llenarnos de luz. La Navidad, que se acerca, es la fiesta de la Luz en medio de las tinieblas (enfermedad y muerte, tristeza y depresión, desencanto y decepción,…) de las largas noches del invierno. Todos estamos llamados a ser testigos de la Luz. Pero no podrá ser, si no dejamos que la Luz nos ilumine, si no nos encontramos con la Luz de Jesucristo. El mundo necesita nuestro testimonio para denunciar la injusticia y ser personas de misericordia, de acogida, de servicio y atención a los demás. Seamos “piedras vivas” y alegres porque la Navidad está cerca.

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Oración: Ser portadores de tu luz y de tu gracia

Señor Jesús, la palabra que hoy hemos escuchado
exhorta a vivir siempre alegres,
a ser personas constantes en orar
y a dar gracias en toda ocasión.

Debemos reconocer que no siempre vivimos así
quizás porque nuestra fe no es muy viva
o no damos mucha atención
a la presencia de tu Espíritu en nosotros,
o quién sabe no valoramos lo suficiente
la gracia de ser tus discípulos,
de tener tu luz y de saber
que somos amados incondicionalmente.

Haznos, Señor, personas y comunidades
más conscientes de lo que somos
y de todo lo que hemos recibido y recibimos gratuitamente
para que sepamos agradecerlo,
valorarlo y amarlo como el gran tesoro
que llena nuestra vida
y que queremos compartir con los demás.

Juan Bautista decía de sí mismo
que era un testigo de la luz
y es esto lo que nosotros debemos ser;
por eso te pedimos que nuestra vida
ayude a nuestros hermanos a desear conocerte,
a amarte y recibirte como salvador
para dar sentido a la propia existencia.

Ayúdanos, Señor Jesús, a ser una comunidad
que se preocupa por el bien de los demás,
para aliviar los corazones desgarrados
y ser portadora de tu luz y de tu gracia.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret



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