
En el Segundo Domingo de Adviento, la Palabra de Dios nos invita a seguir preparando el corazón para la venida del Señor. El profeta Isaías nos anuncia la llegada de un Mesías lleno del Espíritu de Dios, que trae justicia para los pobres y paz para todos. El salmo responde con esperanza, deseando un reino donde florezcan la justicia y la paz sin fin. San Pablo nos recuerda que todo lo que fue escrito es para animarnos y sostener nuestra esperanza, y que Cristo ha venido para salvar a todos, sin distinción. En el Evangelio, Juan el Bautista nos llama con fuerza a la conversión: a cambiar de vida, a dejar el pecado y a preparar el camino al Señor. Este tiempo de Adviento es una oportunidad para revisar nuestra vida, crecer en fe y abrirnos a la acción de Dios, que viene a renovar el mundo con su amor y su justicia.
