
En este II Domingo del Tiempo Ordinario, la Palabra de Dios nos invita a contemplar la misión de Jesús y también nuestra propia llamada como cristianos. El profeta Isaías nos recuerda que Dios elige y envía a su siervo para ser luz de las naciones y llevar su salvación a todos los pueblos. Esta misión no se limita a unos pocos, sino que alcanza a toda la humanidad.
El salmo expresa una actitud fundamental del creyente: estar disponibles para Dios y decir con sinceridad: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. San Pablo, en su saludo a la comunidad de Corinto, nos recuerda que somos llamados a vivir en la gracia y la paz que vienen de Dios Padre y de Jesucristo.
En el Evangelio, Juan el Bautista señala a Jesús como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Él es el enviado del Padre, lleno del Espíritu Santo, que viene a salvarnos. Estas lecturas nos anima a reconocer a Jesús en nuestra vida y a seguirlo con fe, siendo también luz y testigos de su amor en el mundo.
