
En este Segundo Domingo después de Navidad, la Palabra de Dios nos invita a contemplar el gran regalo que hemos recibido: Dios ha querido habitar en medio de su pueblo. Las lecturas nos hablan de la sabiduría eterna de Dios que se hace cercana, que camina con nosotros y nos guía con amor. El Evangelio de san Juan proclama con fuerza una verdad central de nuestra fe: el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. No es un Dios lejano, sino un Dios que entra en nuestra historia.
San Pablo nos recuerda que, por medio de Jesucristo, hemos sido elegidos y llamados a ser hijos de Dios, llenos de esperanza. Esta identidad nos anima a vivir con confianza, sabiendo que somos amados desde siempre. En estos días de Navidad, renovemos nuestra fe y abramos el corazón para que Cristo ilumine nuestra vida, nuestra familia y nuestra comunidad.









