
HORARIO DE VERANO DE LA EUCARISTÍA



Este domingo celebramos la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, también conocida como Corpus Christi. Es una fiesta para dar gracias por el don de la Eucaristía, presencia real de Jesús entre nosotros. La primera lectura nos presenta a Melquisedec, sacerdote del Altísimo, que ofrece pan y vino, anticipando lo que Cristo haría en la Última Cena. El salmo proclama que Jesús es el sacerdote eterno. En la carta a los Corintios, san Pablo nos transmite las palabras de Jesús: “Este es mi cuerpo… esta es mi sangre”, recordándonos que cada Eucaristía es memoria viva de su entrega. El evangelio nos relata la multiplicación de los panes, signo del amor de Jesús que alimenta y sacia. Que esta celebración nos ayude a renovar nuestra fe en la Eucaristía y a vivir con gratitud el misterio del amor de Dios que se queda con nosotros en cada misa.

Este domingo celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad, el gran misterio del Dios único en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Las lecturas nos invitan a contemplar cómo Dios se ha revelado a lo largo de la historia. En el libro de los Proverbios, la Sabiduría —imagen de Cristo— estaba con Dios desde antes de la creación. El salmo nos ayuda a alabar la grandeza del Señor, que ha hecho maravillas en el universo. San Pablo, en su carta a los Romanos, nos recuerda que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo. Y en el evangelio, Jesús nos muestra la profunda unidad entre Él, el Padre y el Espíritu. Que esta celebración renueve en nosotros la fe en el Dios Trinitario, que vive en comunión y nos llama a vivir en el amor, la unidad y la paz.




Este domingo celebramos Pentecostés, una de las fiestas más importantes para los cristianos. Recordamos el momento en que el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles, como nos cuenta el libro de los Hechos. Fue el inicio de la Iglesia, cuando comenzaron a anunciar el Evangelio a todas las naciones. El Salmo nos invita a pedir que ese mismo Espíritu venga hoy a renovar la tierra. En la carta a los Corintios, San Pablo nos recuerda que, aunque somos diferentes, el Espíritu nos une y nos hace parte de un solo cuerpo: la Iglesia. En el Evangelio de San Juan, Jesús resucitado se aparece a sus discípulos, les da su paz y sopla sobre ellos el Espíritu Santo, enviándolos a continuar su misión. Hoy, también nosotros recibimos ese envío: abrirnos al Espíritu y ser testigos del amor de Dios en medio del mundo. ¡Ven, Espíritu Santo!


Este domingo celebramos la Ascensión del Señor, una solemnidad que llena de esperanza nuestro camino de fe. Jesús, después de resucitar y compartir con sus discípulos, es elevado al cielo delante de ellos. Pero no se despide con tristeza, sino con una promesa: enviará al Espíritu Santo y estará siempre con nosotros. El salmo nos invita a alabar a Dios con alegría, porque Cristo ha sido glorificado. San Pablo, en la carta a los Efesios, nos recuerda que Jesús, sentado a la derecha del Padre, es Señor de todo y guía a su Iglesia. En el Evangelio, vemos cómo los discípulos, lejos de quedar tristes, regresan alegres, adorando a Dios y esperando el cumplimiento de su promesa. La Ascensión no es una despedida, sino el comienzo de una nueva presencia de Jesús en nuestras vidas. Sigamos su ejemplo y vivamos con fe, alegría y esperanza.

Este VI Domingo de Pascua, las lecturas nos invitan a vivir en comunión y guiados por el Espíritu Santo. En la primera lectura, vemos cómo los apóstoles, con la ayuda del Espíritu, toman decisiones para el bien de todos, evitando imponer cargas innecesarias. El salmo es una alabanza universal que nos recuerda que toda la tierra debe alegrarse en Dios. En el Apocalipsis, se nos muestra una visión de esperanza: la ciudad santa, luminosa y sin necesidad de templo, porque Dios mismo es su luz. Finalmente, en el Evangelio, Jesús promete a sus discípulos la ayuda del Espíritu Santo, que les enseñará y recordará todo lo necesario para seguir caminando en la fe. Estas lecturas nos animan a confiar en el Espíritu, a vivir con alegría y a reconocer que Dios está presente, guiándonos con amor y sabiduría. Que esta palabra fortalezca nuestra fe y nuestra comunidad.
